COLUMNAS POLÍTICAS / Lunes 11 de febrero 2019

RÚBRICA


Vacíos de pode
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Por: Aurelio Contreras Moreno.- El fracaso de la intentona del régimen morenista para llevar a juicio político a Jorge Winckler Ortiz y destituirlo como fiscal general del Estado representa la primera gran derrota política del actual grupo gobernante en Veracruz, así como una diáfana muestra de su incapacidad de operación. A pesar de tener el grupo parlamentario mayoritario en el Congreso del Estado, de presidir la Junta de Coordinación Política del Poder Legislativo y de encabezar el Ejecutivo, Morena simplemente no supo qué hacer para procesar la salida de Winckler, se atascó en sus propias discordancias internas y terminó estrellándose contra una pared de filigrana gracias a la ahora evidenciada incompetencia de sus operadores políticos.

Lo peor para ellos es que no solo hicieron el ridículo, sino que unieron en su contra a panistas, priistas y hasta a quienes hasta hace unos cuantos meses eran sus aliados del PES y el PT. Todo, debido a la pésima actuación, entre otros, del secretario de Gobierno enviado desde el Altiplano, Eric Patrocinio Cisneros, a quien los legisladores de oposición acusan de haberlos amenazado. Y es que el encargado de la política interna del estado hace de todo, menos política. Cual “chivo en cristalería”, le ha traído más problemas que soluciones al ausente gobernador Cuitláhuac García Jiménez, con un protagonismo aderezado de una soberbia propia de quienes creen que las victorias y las derrotas electorales son eternas. Nada más equivocado. El fracaso moreno en el “affaire” Winckler también tiene otros perpetradores. Uno de ellos es el coordinador de delegaciones del Gobierno Federal en Veracruz, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, quien sostiene una confrontación abierta con los demás grupos de Morena en el estado y que ha encontrado en el Congreso local el espacio natural para el cobro de afrentas y facturas, como resultó más que evidente con lo sucedido en los últimos días. Mientras todo eso sucede, la violencia se recrudece en Veracruz y la gobernabilidad pende de un hilo.

La Iglesia Católica veracruzana tomó nota de ello y en su comunicado dominical, la Arquidiócesis de Xalapa le dio una verdadera tunda al gobierno de Cuitláhuac García mediante un diagnóstico que, en honor a la verdad, no está muy alejado de la realidad. “Pareciera que hay muchas cabezas y que las torpezas de unos pocos están echando a perder el poco trabajo de otros. (…) Y es que no se puede invocar la novatez y la curva de aprendizaje para justificar los desaciertos que en estos 74 días de la nueva administración gubernamental de Veracruz están a la vista de todos”, fustiga en el documento el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, José Manuel Suazo Reyes. Y sentencia: “no estamos para improvisaciones, seguramente se necesita evaluar los resultados y la eficiencia de los colaboradores del gobierno.

Hay señales claras de que algunos ‘recomendados’ no están funcionando, y por lo mismo es tiempo de tomar decisiones. Se observa que falta oficio político y que el ambiente se está enrareciendo. No hay que esperar que el estado se encienda, para actuar”. No es común que la jerarquía católica se le vaya a la yugular a un gobierno a dos meses de haber iniciado funciones. A menos que note un vacío de tal magnitud que esté dispuesta a llenar. Como parecen estar dispuestos a hacerlo también los grupos delincuenciales. Si el gobernador García Jiménez no quiere que el estado se le vaya de las manos tiene que tomar con fuerza las riendas del gobierno y ejercer el poder. Y eso pasa por remover de sus responsabilidades a quienes sean inoperantes y dañinos. De lo contrario, las consecuencias pueden ser atroces. No para el régimen, sino para la población. Esa decisión le correspondería tomarla a él. La pregunta es si se lo permitirá “ya saben quién”.

LÍNEA CALIENTE

José Manuel Pozos, Casarín y Eric Cisneros, un fiasco

Por: Edgar Hernández ¡Tres videos porno –uno en poder de este reportero- filtra la Fiscalía y hace temblar a Palacio! No son pocos los elementos que han permitido la supervivencia del Fiscal Jorge Winckler: La novatez y nula operación política de los diputados José Manuel Pozos, y Juan Javier Gómez Casarín, así como las torpezas del secretario de Gobierno, Eric Cisneros -ese peleador de cantina que al primer suspiro te amenaza de muerte- responsables del fracaso de Cuitláhuac García. Otro ingrediente: El deslizamiento de parte de la Fiscalía de tres reveladores videos en donde se muestra a Cuitláhuac en una situación poco cómoda dada su proclividad al reventón.

Son videos ya circulando en las altas esferas del poder mismos que se harán públicos dependiendo si las circunstancias les son desfavorables al Fiscal. Uno más: El eficaz asesoramiento jurídico de Jorge Winckler, quien se ampara, argumenta, presenta pruebas contundentes y batea con legalidad todos los obuses de su contraparte Jorge Reyes Peralta que busca arrinconarlo con una carpeta conteniendo argumentos jurídicos débiles, sin sustento… o más bien con sustento pero mediático. Y por si fuera poco. El Congreso del estado está totalmente dividido con dos puntas de lanza no atendidas por el gobierno –los diputados Gonzalo Guizar y Juan Carlos Molina- lo cual impide una mayoría calificada que lleve a juicio político y consecuente remoción del Fiscal quien incluso está muy lejos de que le finquen responsabilidades y lo lleven a prisión. Así, a la sordina, sin que Cuitláhuac y sus operadores –Pozos, Casarín y Cisneros- se dieran cuenta, la chiquillada legislativa, panistas, priistas el PES y los independientes- se juntaron para romperles la madre a los morenos haciéndoles tal boquete que ha molestado a la misma federación.

Y es que incluso, de sucederse lo imposible, es decir darse el desafuero y retiro del cargo del Fiscal, habría que ver que dice el Poder Judicial, que a través de sus magistrados será quien tenga la última palabra sobre el tema Winckler y remoción la cual podría llevarse un año antes de emitir el veredicto final. Y es que a como están las cosas, el Tribunal Superior de Justicia ni tiene la prisa ni el interés en apoyar al ejecutivo dado el desprecio manifiesto de Cuitláhuac García, quien rehusa reunirse con el otro poder el Judicial que encabeza Edel Alvarez Peña, a quien incluso inopinadamente lo tiene advertido de que lo está investigando. ¡Vaya torpeza! No se acaba de entender que el gobernador es eso, el gobernador de ocho millones de veracruzanos que no puede andar mal ocupándose de perversiones y micro venganzas como despedir al hijo del magistrado presidente, a Juan Pablo Álvarez, un hombre muy joven, culto, de la ciencia, estudioso del Conacyt que tenía una modesta posición en el IMAX, institución saqueada, desaparecida y echados a la calle todos sus empleados. Ese es el costo del no saber.

Es el pago por no estar preparado para gobernar y de rodearse de puro imbécil que está llevando a Veracruz, a menos de cien días de haberse instalado con la mayor votación en la historia, en la ingobernabilidad. De pena ajena la mofa que se hace de Cuitláhuac. El chiste barato. La burla hasta por como habla viste y esos moditos gay que mueven al meme, al desprecio, a la descalificación… ¡Que pena! Bien afirma Andrés Manuel López Obrador que el poder marea a los inteligentes y a los tontos vuelve locos y a estas alturas no se sabe si de verdad los inteligentes –que no se sabe dónde están- están mareados y los tontos –que si están bien localizados- seguirán experimentando el resto del sexenio.

El punto es que en Veracruz hay memoria de muy buenos gobernantes, sin esconder a otros que han sido muy rateros 8 como Fidel y Duarte y localizados tontos como los del presente. En alguna ocasión el reconocido gobernador Fernando Gutiérrez Barrios sostenía que problema que no se resuelve termina por estallarte en las manos. Y evocaba que «En política no hay jóvenes y viejos; hay aptos o ineptos, leales o desleales, dignos o indignos, honestos o deshonestos. Nada más». Esto viene a cuento por el presente que vivimos tan cuestionado, tan lleno de claroscuros, pero sobre todo de desaciertos que dejan en claro que una vez que le entregaron el aparato de poder a Cuitláhuac García nomás no sabe cómo echarlo a andar. Sobre todo en el tema de la operación política y la seguridad.Que se recuerde en al menos cuatro gobernadores Murillo Vidal, Hernández Ochoa, Gutiérrez Barrios y Fidel Herrera la operación política siempre les resultó exitosa. Se planteaba el problema con el grupo de interés –el gabinete- ; se escuchaban las propuestas de solución; el gobernador decidía con liderazgo en camino a seguir –incluso si se metía la pata, se metía bien- y luego se atendía en al menos cinco frentes: el político, por la vía de la negociación; el financiero partiendo de que lo que se puede pagar en política es barato; lo jurídico, para evitar sorpresas legales; en lo oscuro y drástico, a través de la policía y la Procu, y lo mediático para gestar una opinión pública favorable. Había gobernabilidad Hoy Morena, con el respaldo ciudadano, con mayoría en el Congreso, con la ayuda incondicional de la federación no puede tumbar al mozo de Yunes Linares, quien doblado de la risa observa en el día las torpezas de quienes dicen saber y como dicen los clásicos, solo la cagan.

José Manuel Pozos y Cazarín no atan ni desatan, son la burla y Eric Cisneros por más que le dicen que se regrese a su tierra natal, Baja California, ya que lo único que medio sabe hacer es pintar las guarniciones, está empeñado en tumbar a su propio jefe con sus torpezas políticas, no hay otra explicación. 9 Vaya papelón que le está tocando jugar a Cuitláhuac a quien Manuel Huerta Ladrón de Guevara y Ricardo Ahued, a 70 días de mandato, ya ven en el campo santo. Tiempo al tiempo.

GLOSARIO DEL MOMENTO

Los cambios en el gabinete

Por: Víctor Murguía Velasco.- No ha habido gobernador que no realice cambios de sus colaboradores, a veces porque les resultan un fiasco, a veces por presiones o porque los necesitan en otro espacio, generalmente como alcaldes o diputados. Eso sí, salvo que la petición o comentario venga del presidente de la República o de la persona que éste le encargue el caso, ninguno ha cambiado colaboradores rápidamente “sólo” porque la opinión pública, líderes de sectores o el pueblo pida la cabeza de quienes ve como incompetentes o corruptos. Es muy complejo eso de tener poder.

A ninguno que lo tenga —entre más se tiene, más complejo se vuelve— le gusta que otra persona le diga lo que tiene que hacer. Esto lo comentamos por lo que ha sucedido a últimas fechas en el gobierno de Veracruz. La percepción que prevalece en la opinión pública es que hay colaboradores del gobernador Cuitláhuac que no le ayudan, sino por el contrario enredan lo que deberían solucionar. Lo último ha sido lo de lograr someter a juicio político al fiscal Jorge Winckler, cuestión que no han podido, ni con los aliados que tiene circunstancialmente en el Congreso. Pero hay otras cosas más, de igual o mayor importancia. Debido a esto, el Arzobispado de Xalapa emitió ayer un duro y crítico comunicado, en el que advierte que no hay tiempo para al aprendizaje ante los problemas que padece Veracruz. En fin, los cambios serán cuando el gobernador los decida.

Ojalá sea lo más oportuno posible, para bien de Veracruz y para bien de su gobierno. Se pasea Winckler por Los Tuxtlas Mientras tanto el fiscal general Jorge Winckler fue ayer a la zona de Los Tuxtlas a supervisar lo que hacen en las fiscalías de San Andrés y Santiago, pero eso fue interpretado más como exhibición para sus enemigos que como algo de trabajo.

No debe perderse de vista que de esa zona es el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Legislatura del Estado, Juan Javier Gómez Cazarín, uno de los que tenían en sus manos la responsabilidad de llevar a juicio político al fiscal. Y ahí anduvo Winckler muy sonriente. Incluso se reunió a comer con el alcalde de San Andrés Tuxtla, Octavio Pérez. Esa reunión no deja de llamar la atención al mostrar lo que es la política. Los reportes son en el sentido de que Pérez, hace unas semanas, firmó el acta de cabildo a favor de que el Congreso tuviera facultades para remover al fiscal.

Ahora, por lo que se ve, ya se arrepintió de eso. Por cierto, lo mismo dicen que hicieron el alcalde de Catemaco, Julio Ortega Serrano, y el de Santiago Tuxtla, Argeniz Vázquez Copete, quienes también hoy tendrían otra visión. Los tres están relacionados con el pasado gobierno, los tres deben las candidaturas con las que llegaron a las alcaldías al mismo factor político. Incluso, por esa relación, la esposa de Octavio Pérez fue el año pasado la candidata a la diputación local, que perdió contra Gómez Cazarín.