Ángelito venció al cáncer y se graduó del Kínder

Con una gran sonrisa en el rostro, cuenta que “aunque sólo tengo un riñón” eso no le impidió superar su primera etapa académica y soñar con ser un ingeniero.

Esta es la historia de PRESENCIA MX…

Era diciembre de 2015, cuando Claudia de la Cruz Álvarez hacía largas antesalas para entrevistarse con autoridades de Las Choapas y Agua Dulce, implorando por apoyo para poder llevar a su pequeño Ángel de Jesús Izquierdo de la Cruz al “Hospital del Niño” en Villahermosa, donde había sido aceptado para recibir tratamiento contra el cáncer de neuroblastoma diagnosticado previamente.

En el Ayuntamiento de Las Choapas le dijeron que no les correspondía apoyar, pues ella es habitante del ejido Cuauhtémoc, que pertenece a Agua Dulce, pero eso no importó a la ciudadanía choapense que se volcó en ayudarla de forma humanitaria; no obstante, en Agua Dulce, tampoco recibió apoyo del Gobierno, cuando era alcalde Daniel Martínez González, quien ganaba más de 100 mil pesos mensuales y repartía ostentosos salarios a sus más cercanos colaboradores.

Cuando la madre lo abordó en los pasillos él le señaló a la afligida mujer que no había presupuesto. Sintiéndose “benevolente” tomó su cartera y sacó un billete de 100 pesos para entregárselo a Claudia, “para que se compren un pollo”, le dijo el también líder sindical por dos períodos, para continuar caminando con la soberbia que lo caracterizaba.

Fue gracias a la población de Agua Dulce y Las Choapas, de personas trabajadoras y de buen corazón que no ganan cientos de miles de pesos por un cargo en el gobierno, que Ángel pudo asistir a todas sus citas médicas, recibir quimioterapias y someterse a una cirugía; y aunque perdió un riñón, salvó la vida.

EL PEQUEÑO ha sido fuerte para salir adelante.

A su corta edad Angelito sabe lo que es el dolor, el dolor físico que sufrió en carne propia y el dolor de ver llorar a su madre desesperada; en el 2017 recibió la noticia de que las células malignas habían desaparecido de su organismo, ahora podría acudir a clases todos los días y jugar con sus compañeritos del kínder del ejido Cuauhtémoc, junto a los cuales compartió la ceremonia de graduación.

Ataviado con un elegante traje color gris Angelito llegó hasta el patio del jardín de niños, el cual fue adornado con globos que colgaban de varas de bambú y de los árboles que brindaban sombra a los asistentes, padres de familia y padrinos, invitados especiales y maestros.

El ejido Cuauhtémoc se ubica tras un largo camino de terracería que entronca con la carretera a Las Choapas, con una población de menos de 300 habitantes; la mayoría de los hombres trabaja en labores del campo o en compañías, como obreros, mientras que otros más son traileros o se encuentran “en el norte”.

Aunque se trata de una comunidad muy humilde, eso no impidió que celebraran con mucha dedicación y esfuerzo la graduación de sus pequeños. La ceremonia inició con un acto cívico, en el que todos saludaron en posición de firmes, mientras uno de los pequeños sostenía la bandera con las manos ante la falta de un asta. Luego, al entonar el Himno Nacional, cada persona presente cantó, muy diferente a lo que ocurre en los eventos de la zona urbana, donde a veces solo se escucha un murmullo.

“Estos niños tienen un largo camino por recorrer, ojalá dentro de algunos años ellos se estén graduando de licenciados, ingenieros o médicos, aunque hay uno que dice que quiere ser chofer de sur”, contó la directora del plantel, despertando las risas de los presentes.

Solo fueron cinco los graduados, dos niñas y tres niños, pero esto no impidió que presentaran dos números musicales —el baile de la culebra y el pasito perrón— y bailaran el tradicional vals, que en esta ocasión fue una adaptación del tema musical de la película de Disney “Frozen”.

SE GRADUÓ del kínder, grado que cursó mientras que combatía el cáncer.

Al final, cada pequeño acompañado de su padrino o madrina pasaron por su diploma, de manos de la máxima autoridad del ejido, el subagente municipal, para posteriormente tomarse la foto del recuerdo y partir a casa.

Angelito sueña con ser ingeniero. Abrazado de su mamá tiene un futuro por delante, sonríe y corre como cualquier niño de su edad, gracias a la generosidad de buenas personas, no de políticos mezquinos e indolentes que gastan el presupuesto en cualquier cosa, menos en lo que realmente importa.